|
SUMARIO
|
La Vijanera. Adios y Bienvenido
De nuevo nos encontramos en este lugar común, y aunque en apariencia nada ha cambiado, siempre que inauguramos un nuevo tiempo parece que cierta renovación se produce en nuestro interior, además de una innumerable lista de deseos insatisfechos durante el tiempo que se fue y que nos prometemos ponerlos en marcha con la excusa de un nuevo año.
La fiesta, el ritual y la conmemoración que durante esta semana centrará nuestra atención, es uno de esos festivales en los que sería necesario analizar con verdadero detenimiento cada uno de sus más pequeños detalles, puesto que todos y cada uno de ellos están cargados de un simbolismo que nos acercan a los innumerables aspectos de la vida humana, y especialmente de la vida de las gentes que moran desde tiempo inmemorial en la tierra de nuestros padres, la tierra que llaman Cantabria y de la cual formamos parte cada uno de nosotros.
Cuando comenzaba el año en la antigüedad, lo que se conmemoraba era tanto el recuerdo del tiempo que se fue como la bienvenida al tiempo que llegaba, y todo ello dentro de una celebración denominada Vijanera, aunque otros muchos términos son los utilizados para nombrarla: Viejanera, Vejenera o Vijenera son algunos, que no todos. Es ésta una mascarada invernal, un verdadero y curioso carnaval que tiene su tiempo entre el año nuevo y el domingo siguiente a la Epifanía.
A pesar de que en la actualidad son contadas las Vijaneras -más bien es solamente en Silió donde aún la fiesta cuenta con toda su fuerza- sin embargo eran numerosos los valles y pueblos que disfrutaban con esta celebración: Cieza, Anievas, Toranzo, Campoo, Cabuérniga..., son más que buenos ejemplos para comprobar la extensión de esta fiesta, a caballo entre lo ritual y lo religioso.
Muy posiblemente una de las primeras cuestiones que nos vengan a la mente sea el origen de su nombre, sin duda nada habitual. Pues bien, ahí en el desenmascaramiento de esta denominación se encuentran muchas de las claves para desmenuzar el origen y destino de la Vijanera. La etimología de la palabra es de lo más interesante y nos arrastra una vez más hacia el tema mítico. Por la época del año en la que se celebra la fiesta, y por la principal localización territorial de ésta, podemos encontrar en la raíz jano uno de los puntos más fuertes para conocer el origen del término. Ianua es, en latín, "puerta", y como bien sabéis ya, este dios es una divinidad de doble rostro.
Una de las caras de la divinidad se representaba en ocasiones barbada lo que indicaba la mirada al año viejo, al tiempo que se despide, mientras que el otro rostro, a menudo imberbe, otea el tiempo que se avecina y al cual se quiere recibir con ventura. Si añadimos que vi implica dos, Vijanera bien pudiera hacer referencia a los dos rostros de Jano. Quizá aún no sea reconocible esta etimología para muchos, pero puede que otras lenguas nos echen una mano, puesto que en inglés este mismo mes se denomina January, y más cerca de nosotros tenemos el leonés, Janera. También, por ejemplo, en Portugal Janeiras significa "pedir aguinaldo", algo muy propio del fin de año, así como de los carnavales y antroidos.
No olvidemos tampoco que el Pico Jano es el que preside y domina el Valle de Iguña, territorio donde la celebración aún pervive hoy día. En el Valle de Toranzo se llama "viejenera" a una máscara ruda y fea que salía el día de Antruido; esto sería símbolo de la noche vieja.
La fiesta consiste, entre otras muchas cosas, en despedir como se merece el año viejo y dar la bienvenida al que llega, siempre con la intención de saldar cuentas con el pasado y disponerse a bien con el futuro, lo cual se realiza mediante el disfraz de gran parte de la comunidad, a través de los cuales se representan muy numerosos elementos, todos ellos de gran interés, aunque quizá sean los de contenido natural los más impactantes, al encontrarnos en una tierra en la que estar en comunión con la Madre Tierra es fundamental. Trajes de panojas, de hojas, de cortezas de árbol, etc, deambulan con su cadencioso andar por las calles de pueblos como Silió, y anteriormente de otros muchos por los que ya no se escuchan los purificadores campanos de los zamarrones o zarramacos, personaje fundamental. Mozos de gran corpulencia física llevan campanos de celemín y medio o dos celemines colgados por delante y por detrás, su cara es tiznada de negro, una piel de oveja les protege el cuerpo, un gorro en forma de cucurucho culmina su testa. Su labor fundamental: espantar y alejar los malos espíritus, así como representar un ritual de paso, de cambio.
García Lomas consideraba que la etimología de "Zarramacos" era prerrománica. En vasco zarra significa "viejo", y mako, "pico", "gancho" o "palo". Zorromoco es una voz muy similar, deriva de zomorro en el carnaval "fantasma", "máscara", añadiéndosele el posesivo vasco -ko. Los ochocentistas nos cuentan que los zarramacos iban provistos de un cuerno de vaca sobre la cabeza, con el que tocaban, aumentando así la importancia de su presencia. Encargados de abrir la extraña comitiva de personajes, parece que en un principio se vestían con piel de lobo, pero que con el tiempo dicha piel y el cuerno se quedaron en desuso, y estos atuendos fueron sustituidos por lo que hoy conocemos. Se estima que fue en 1913 cuando aparecen los cucuruchos decorados que hoy portan los zamarrones. Parecidos a los zarramacos, campanos, pieles, gorro cónico, estilo... son los zanpantzarrak o yoariak, vasco-navarros de Zubieta e Ituren. En algunos casos los zarramacos llevan en la mano un báculo de acebo, que les sirve para dar increíbles volteretas. Parecido a los vasco-navarros son los asturianos sidros o zamarrones. Como es lógico pensar, es en esta franja norte donde más similitudes se encuentran en este ritual festivo de fin y comienzo de año. El papel de los campanos como ahuyentadores del mal está atestiguado en todas las tradiciones europeas y ha sido comentado aquí en otras ocasiones; recordad que en Cantabria el poder curativo que tienen las campanas es bien conocido.
¿Pero acaso no os recuerda algo este personaje? Creo que sí, puesto que no sería demasiado inverosímil remontarse en el tiempo para encontrarnos con esos guerreros de la antigua Cantabria, ataviados con una cabeza y una piel de lobo y que han sido plasmados en la estela de Zurita, ¿no será que como estamos viendo las cosas no cambian tanto?
En medio de la fiesta cobran fuerza las numerosas coplas satíricas que resumen el año que se marcha y que pretenden saldar algunas cuentas, quizá de otra forma insatisfechas. Finalmente llega el oso, chivo expiatorio en este caso, símbolo del mal que se pretende erradicar e impedir su llegada al nuevo año; de esta manera se arremolinan los zamarrones a su alrededor, y entre medio de una singular danza se simula la muerte del majestuoso animal.
Creo que mucho mejor que leer sobre la Vijanera es acudir a su encuentro como cada año en Silió, el primer domingo del año; por allí deambularán la Pepa, el domador, el mancebo, la giralda, la pareja de pasiegos, y un buen número de amigos que animarán la fiesta. Allí nos veremos. Que el tiempo venidero sea como vosotros queréis que sea. |