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Chistes de Borbón en ARCO "¿A que no sabeis como le llaman a Botín en Santander?"
El pasado jueves, 15 de febrero, los Reyes inauguraron la XXVI edición de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo (ARCO), que hasta el lunes 19 reunió en Madrid a 271 galeristas de 29 países, con Corea del Sur como invitado. Casi dos horas duró el recorrido que sus Majestades, como dos visitantes más, realizaron por los pabellones del Ifema, donde fueron recibidos por la ministra de Cultura, la presidenta de la Comunidad de Madrid y el alcalde de la capital.
Y después de más de dos horas a pie firme, suficientes para derrotar al campeón del mundo de maratón, tanto saludo, tanto besamanos, los Reyes fueron conducidos a la carpa que hacía las veces de Sala VIP donde se iba a servir un suculento almuerzo, que el famoso cocinero Juan Mari Arzak había preparado de buena mañana en su restaurante de San Sebastián y se había traído por carretera a Madrid en camión frigorífico.
Y es que parece que el año pasado, los organizadores de Arco pasearon a los Reyes arriba y abajo, y a la hora del almuerzo los mandaron a su casa, es decir, a Palacio, con el estómago vacío, y eso no se hace, no señor, total que el Señor se quejó, quejas a resultas de las cuales este año ARCO ha tirado la casa por la ventana con un almuerzo muy suculento, muy largo, pescados y carnes, todo regado con Dom Ruinart Rosé, un espléndido champán francés rosado (150 euros botella), muy del gusto del Monarca.
Un ramillete de elegidos se reunieron en torno a Sus Majestades, tal que los ya citados Carmen Calvo, Esperanza Aguirre, Alberto Ruiz Gallardón, el presidente de IFEMA, José María Álvarez del Manzano y su director general, Fermín Lucas, el presidente de Hyunday España (que era la razón comercial que pagaba la fiesta), Pedro Cabeza, el rico José Manuel Entrecanales, el bancario Matías Rodríguez Inciarte, Alvaro Ybarra y así sucesivamente hasta aproximadamente una veintena de ilustres con ganas de saborear un buen condumio en buena compañía.
Con lo que casi nadie contaba era con el humor del Rey Juan Carlos, que bien comido y mejor bebido -su pasión por el buen champán rosado es proverbial, afición, y aquí está la novedad, en la que le acompaña la Reina, que resulta que esa mujer de gesto adusto que parece no haber roto nunca un plato, le da al champán cosa fina-, empezó a dirigir el cotarro y a largarse una serie de chistes ocurrentes.
-¿A que no sabes, Matías, cómo llaman en Santander a tu señorito...? –pregunta el Monarca a Matías Rodríguez Inciarte, uno de los más prominentes súbditos del banquero Emilio Botín.
-No lo sé, Señor -contesta el aludido temiéndose lo peor.
-Pues le llaman el “mocasines”, porque nunca llegará a ser un “Botín” como su padre.
Es conocida la alta estima en que el Monarca tenía a Emilio Botín Sanz de Sautuola y López, padre del actual presidente del SCH, y la escasísima que siente por su hijo, Emilio Botín Ríos (Emilio III), de quien piensa que no le llega ni a la altura del zapato. El Rey le está muy agradecido a Botín López, gracias a cuya generosidad el todavía Príncipe de España y su mujer, la princesa Sofía de Grecia, pudieron emprender viaje de luna de miel con el millón de pesetas de entonces que como regalo de boda les hizo Botín senior.
Y es que el Rey de España, hoy una de las fortunas importantes del país, estaba entonces sin un duro, lo que se dice canino a más no poder. En tal situación, Botín senior hizo algo más por los recién casados: les regaló una importante cantidad de dinero que el propio banquero invirtió en la Bolsa española de la época. “Unas salieron bien y otras mal, pero aquello nos permitió empezar a levantar cabeza”, ha declarado el Monarca en no pocas ocasiones a sus amigos.
Y ya metido en gastos, el Rey se lanzó por otros derroteros, con chistes que llevaban implícito algún tipo de guiño, para deleite de algunos y perplejidad de otros.
-¿Sabéis por qué los de Lepe no podrán pertenecer nunca a la mafia?
Silencio expectante en la Sala VIPS.
-¡Porque les pides coca y te traen Pepsi...!
Los unos reían con risa nerviosa, mientras los más timoratos desviaban la mirada sin saber dónde protegerse de la risa franca del Monarca. A estas alturas del almuerzo, Esperanza Aguirre se estaba fumando un puro de dimensiones astronómicas con absoluta liberalidad, un puro que para sí hubiera querido Mariano Rajoy. O el mismísimo Fidel Castro en sus buenos tiempos.
El confidencial, 23-02-07
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