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Proceso a la ironía

El ataque despiadado al difunto semanario "la Realidad", por parte de los más altos cargos del gobierno autonómico PP-PRC y sus respectivos cabecillas, es una muestra evidente de hasta qué punto les obsesiona a estos botarates de la cosa pública la simple imagen narcisista. Son unos inseguros y están pendientes de las alabanzas y las fotos, como los yonquis de la dosis que les hace falta para evitar el mono. Dada la fragilidad de su consistencia como líderes y como personas, no quieren ni pueden permitirse el lujo de recibir la mínima crítica. Ni siquiera la simple descripción de la verdad de una gestión pública plagada de cabildeos y corrupción, generalmente al servicio de sus intereses personales y absolutamente divorciada de la ciudadanía. Una política repleta de torpeza y zafiedad, de fealdad urbanística y de especulación con las playas, los ríos y los valles, donde el árbol es el enemigo a abatir y el territorio un pastel en porciones para transformarlo en euros.

Por esa obsesión de autobombo les interesa sobremanera captar a los medios de comunicación de gran tirada, donde se insertan grandes campañas de lucrativa publicidad. Muy a menudo esa publicidad es la garrapata de la verdad independiente, porque la convierte en grosero proselitismo. Ruedas de prensa, ruedas de molino, vertical propaganda de la voz de su amo. Desde esos púlpitos se mira a la ciudadanía no como personas sino como grey. A base de misceláneas y futilidades se consigue implantar la versión más tranquilizadora de las cosas; el fin es convencer a la feligresía de que todo lo que se hace es por su bien. Y en el caso de aquí, por el bien de una Cantabria inmersa de lleno en el camino de la barbaridad mafiosa y hormigonera. Fiel garantía de un futuro de ruina irreversible del patrimonio natural e hipoteca de próximas generaciones. A cambio de unas monedas a modo de limosna, en pago por la docilidad y la aquiescencia del silencio alejado de la contestación.

La categoría personal y moral de la gente en cuyas manos está el destino de esta comunidad ha quedado de manifiesto una vez más ahora mismo. No bastó acabar con el único medio de comunicación que, siquiera minoritario aunque con influencia creciente en la sociedad, decía las verdades sin tapujos ni contemplaciones. Además de ello, una vez empleada toda la capacidad de conjura contra el mismo desde el poder, todavía se sigue adelante con sentencias judiciales condenatorias. Está claro que lo que se cumple es la venganza y el escarmiento ejemplar. Aparte de la pretensión monetaria.

El mensaje es no toleramos más versiones que las oficiales, emanadas desde lóbregos gabinetes de prensa oficinas de comunicación o agencias publicitarias, que para eso están repletos de impagables amanuenses. Y mientras la prensa multimedia se hace eco, cual hoja parroquial, secuela ideológica de tiempos amarillentos aunque elaborada con ordenadores de última generación, el escarnio de la complicidad y el complot generalizado origina un ambiente tan bastardo y enrarecido que aventa cualquier entusiasmo y nos sume en una melancolía estéril y pegajosa. En ese clima de perpetua postración y abandono, los que pretendemos una prensa libre y autónoma de los poderes, parecemos algo así como extraterrestres llegados de algún confín galáctico. Poco Lunáticos aterrizados en el absurdo de la indignidad, la falacia y los perversos juegos de poder como implantada e inamovible Normalidad.

Si así son las cosas prefiero definirme como anormal. les importa a los que cultivan esa subnormalidad arrasar cultura, patrimonio y agricultura; una vez consumada la faena de esquilmar, ellos pueden irse a otra parte con el botín conseguido. Pero eso sí, gracias a la capacidad de convicción mercenaria y a una opinión pública convenientemente anestesiada todavía cuela el slogan de que lo que hacen lo hacen "por amor a Cantabria". Parece un sarcasmo sino fuera cinismo de la peor estofa. En cualquier caso, hay amores que matan: este es el caso del idilio de Cantabria con la mayoría de su clase política y sus adláteres. ¿Cómo no la van a querer? con locura. Cantabria es la teta para libar hasta dejarla seca. Existen amores tan sumamente interesados como el de los proxenetas que, al final de la noche, ponen el cazo exigiendo la recaudación. Si hace falta a golpes de maltrato. Y cuando la pupila deja de producir, porque ya está ajada, se abandona la explotación y a por otra más lozana.

Las cosas no serían tanto así si ciertos medios de comunicación no vivieran exclusivamente de la falacia. Y son esclavos de la rentabilidad de la misma. Así que no les queda otro remedio que ser los parásitos del poder y potenciarlo, porque en ello les va la supervivencia y el buen balance. Dentro de eso hay límites que hacen oscilar las sutilezas de los panegíricos a la cultura mediocre mediante el talento técnico. Pero aquí la cosa va de sal gorda y de seducción hortera. Los managers de la publicidad preponderante están bragados en este tipo de campañas casposas que destilan roña cerebral. No tienen competencia.

Algo les hemos hecho en "la Realidad" para que nos persigan después de muertos, con tanta inquina y utilizando todas sus influencias. Se han empleado a fondo, como si no tuvieran otra cosa mejor que hacer. Probablemente no tienen. Así que se reunían en sus covachas, para impregnarse de alcohol etiqueta negra y esbozar planes contra el periódico que les amargaba el triunfalismo barato y encubridor de su tartamudeo mental. Por eso han empleado una ley hecha por ellos mismos y unos jueces que son capaces hasta de condenar, en esta presunta democracia, el empleo del sarcasmo y la ironía como atentado al honor del actor demandante. Nunca mejor dicho, puesto que ese actor, como bien saben los ganaderos que confiaron en sus promesas sindicales, acarrea una trayectoria de engaños y traiciones sobre los que ha edificado su carrera. Una singladura política similar a la de otro colega de escaño, emergente como un meteoro sideral desde los cubiertos inoxidables hasta el control de las monedas.
Como conviene ejercitar la memoria, una cualidad que poseen hasta los burros para no tropezar dos veces con la misma piedra, recordemos que hubo un ministro de Información en los tiempos de la tiranía que prohibió a la prensa el uso de las alegorías. Era para que no se dijeran cosas inadecuadas para el Régimen entre líneas. Como los que están en el poder en estos momentos son los nietos políticos del que reposa en el Valle de los Caídos por Dios y por España, el círculo se cierra condenando la ironía. Y, modo de escarmiento, cerrando publicaciones en su nombre.

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(*) profesor de Ciencia Política y director del programa de estudios rusos de la Universidad Autónoma de Madrid