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Una de Estatutos  De repente, como si se tratase de un bar en pleno día festivo, a nuestros políticos les han entrado deseos de estatuto, con ración doble y todo. Antes de continuar, quiero aclarar que soy defensor de un estado federal y republicano, espero no ofender a nadie que, últimamente, por manifestarse republicano puedes acabar con tus huesos, si no en la cárcel, sí molido a palos. Lo que vengo a mostrar aquí es la desconexión entre el pueblo y los políticos. Que en todos los rincones del estado se pidiese más estatuto no es el deseo general, al menos el que yo veo, de la ciudadanía. El deseo general hasta hace bien poco, era que España ganase el Mundial, pero llegó Francia y nos demostró a qué nivel estamos. Por favor, no me acusen de apátrida los patriotas más entusiastas, que abandonaban sus taburetes antes que, el pre-jubilado, Zidane marcase el tercer gol, sólo soy un aficionado realista, que no de la real, ni por supuesto, de la realeza.
Volviendo al tema, observo a unos políticos empeñados en ir por delante de la sociedad, tal es así que van a llegar a una desconexión total, si es que aún queda algo conectado a estas alturas del partido, si me permiten el símil. El sentir del pueblo, como tal, al que ahora aluden los políticos, no tiene nada que ver con lo que se produjo a finales de los setenta donde la gentes se echaban a las calles para reclamar una autonomía que acabase con los privilegios centralistas de la dictadura franquista, que tantas libertades había guardado en el baúl de la represión, la tortura y el exilio. Por cierto, aún siguen guardadas sin que se haya hecho justicia con los torturados o con las familias de éstos. Los finales de los sesenta si fueron años de movilizaciones de los pueblos por recuperar las libertades arrebatadas a éstos con violencia. Ahora los sentimientos y las intenciones deben ser otras.
En cualquier caso quiero felicitar al pueblo catalán por haber conseguido sacar adelante ese estatuto y más aún si es para avanzar en el terreno de lo social. Además, decirles que si en vez de ser catalanes hubiesen sido montenegrinos no habrían conseguido un resultado válido, teniendo en cuenta que la lex specialis auspiciada por Bruselas establece un mínimo de más del 50% del total del censo para dar por válido un resultado en referéndum. Por supuesto, estas leyes que hacen los gobiernos “democráticos” sólo son válidas para los países en vías de democratización. He entrecomillado lo de democrático, pues no creo que la ley del embudo sea la más democrática, precisamente. Y no hago esta última alusión por el pueblo catalán, que casi llegó a esa cifra, lo digo porque el gobierno de la UE exige algo que no se aplica a sí mismo. Me estoy refiriendo a la, que deseo caduca, Constitución Europea, que en el caso de España apenas supero el 40% de participación, sin embargo la daban por lícita. Aún así, nuestros gobernantes europeos tienen el poco decoro, iba a escribir otra cosa, de exigirle al pueblo de Montenegro lo que ellos mismo no aplican, o sea la famosa lex spacialis de Bruselas, antes mencionada.
En este apartado de escasa participación, quiero hacer especial mención a lo que ocurre en EE.UU. que apenas si vota del 50% de la población. La mayoría, de esta exigua intervención en las urnas, es protagonizada por la clase satisfecha que elige entre dos candidatos, de políticas parecidas, y suele decantarse por el que les prometa más rebaja de impuestos, para seguir siendo la clase satisfecha, claro está. El resto, o sea los excluidos, no suelen ir a votar. Pero cada recorte de impuestos supone menos prestaciones sociales para los empobrecidos, que, debido a esto, irá en aumento su débil situación económica. Al parecer, caminamos hacia la imitación de este modelo bipartidista, donde sólo los satisfechos van a votar, por lo que los representantes elegidos lo serán de ésta clase y los intereses que defenderán van a ser, no los de la sociedad en general, si no los de la parte satisfecha de la misma. A algo de esto me ha sonado la petición, en cadena, de estatutos regionales y la filistea alusión en cada una de éstas, a que lo hacen por demandas de la sociedad, pero, ¿de qué sociedad hablan? Espero, por bien de los desfavorecidos, que no sea sólo de la SATISFECHA.

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