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Cuando hablamos de Paz, ¿De qué PAZ hablamos?  Ahora que tan de moda está, en el estado español, la palabra PAZ, convendría matizar este término que, como cualquier otro, goza de distintos puntos de vistas, según con el cristal con qué se mira.
Me explico, la PAZ, en eso no hay duda, es una relación ideal para la humanidad. Pero, antes de entrar en detalles sería conveniente conocer alguna de las definiciones que de esta palabra se hace en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Así vemos que en la cuarta entrada enuncia la palabra PAZ como “Sosiego y buena correspondencia de unas personas con otras…”. Una vez conocida esta definición no me queda más remedio que dudar que el sosiego y buena correspondencia, a la que alude la misma, de unas personas con otras se dé en un mundo donde se deja morir de hambre a tantos seres humanos. Esto que digo no es una afirmación gratuita y prueba de ello es el dato donde, según la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), nos dice que 25 mil personas mueren todos los días en el mundo como consecuencia del hambre y la pobreza. Conociendo esta cifra de muertes no tengo más remedio que afirmar que hay una situación de extrema violencia entre los distintos estados. Este desasosiego mortal de millones de personas está provocado por el apropiamiento ilícito o mal pagado, rayando o sobrepasando la usura, de la materia prima de unas naciones a otras. Es cierto que son agresiones incruentas, pero de trágicas consecuencias. En este momento recuerdo una obra de Alejandro Casona –La Barca sin Pescador, de paso recomiendo su lectura-, en la que el protagonista hacía un pacto con el diablo para salvar su negocio. Este pacto consistía en que una persona anónima moriría por su culpa en algún lugar del mundo sin que él se manchase las manos de sangre.
Adentrándome en el tema que lleva como título este artículo y centrándome en la realidad de lo que sucede en nuestro estado y tomando una de las muchas declaraciones de la AVT -Asociación de Víctimas del Terrorismo- donde afirman, entre gritos, que “jamás la paz puede ser a cualquier precio”, humildemente debo preguntarme si tienen derecho a obstaculizar el proceso de Paz. Claro, si me leyesen me acusarían de estar de parte de los verdugos. Algo que por otro lado ya lo han hecho, no solo ellos, sino, también, quienes ahora están por el pacto. Aunque criminalizar a alguien suele salir barato en este país.
Lo primero que habría que aclarar a estas personas es que todas las víctimas tienen el mismo valor. Otra aclaración sería que ningún hecho cruento tiene justificación. Impedir un proceso de PAZ, tampoco. Esto es lo que están haciendo los miembros de AVT cuando ponen a las víctimas encima de la mesa para boicotear el proceso de paz abierto. Por otro lado, o quien sabe si por el mismo, el PP, tan beligerante con este proceso también, ha sido incapaz de votar una resolución del Parlamento Europeo que condenaba el régimen franquista por las víctimas inocentes que causó en tantos años de represión. Según qué fuentes consultemos las cifras pueden oscilar. Haciendo un balance podría afirmar que las víctimas mortales del franquismo fueron cien mil personas. A éstas debemos sumar otros treinta y cinco mil desaparecidos. Las cunetas de caminos y carreteras fueron las fosas improvisadas y anónimas de muchos de ellas. Entre las más ilustres la de Federico García Lorca. Con esto quiero decir que la democracia que disfrutamos (o padecemos) fue a costa de no poner víctimas encima de la mesa. Sin embargo ahora, estas organizaciones, defienden una postura análoga.
La AVT y el PP, se niegan en rotundo a abrir este proceso de esperanza que nos puede llevar a erradicar la violencia en el estado español. Y no sólo esto si no que el PP, no deja de torturar a las victimas del franquismo al decir que no se debe remover el pasado, cuando las familias de éstas –víctimas- tratan de esclarecer donde están los restos de sus seres queridos. Estos dirigentes del PP de ¿qué catadura moral serán? Pues, nos están diciendo, sin ningún rubor, que hay víctimas de primera y víctimas de segunda. Para reforzar esta afirmación sobre dirigentes del PP, me remito a las palabras de uno ellos, Josep Piqué, otrora comunista –hay que ver las vueltas que da el carrusel de la vida-, en las que dice que el franquismo “no fue un régimen fascista, sino un autoritarismo de derechas”. Con estas palabras niega la existencia de las víctimas al no admitir, incluso, la existencia de la cruenta dictadura militar. Quizás si hubiese hecho esa afirmación aclarando que un autoritarismo de derechas es algo muy parecido a los gobiernos de Aznar, se le habría entendido mucho mejor lo que quería decir.
Declaraciones como las de Piqué y otros miembros de su partido pueden hacer dudar de si sólo tienen víctimas indirectas a sus espaldas, como defensores de las políticas liberales que provocan esas muertes de inocentes en sitios tan lejanos. Por lo que mucho me temo que entre esos pactos con el diablo, a los que se aluden en la obra de Casona, ha de estar incluido la pérdida de conciencia moral pues, vemos que no existe, pasado el tiempo y viendo las cifras de muertes, síntomas de arrepentimiento, siquiera con las víctimas cercanas y directas de la dictadura franquista.
Dicho todo esto, sólo me queda decir que las oportunidades para el cese de la violencia han de ser siempre una referencia para los que nos manifestamos a favor de la PAZ. Por lo tanto, quienes cuestionan este proceso sin condenar, ni siquiera, el régimen franquista no pueden gozar de ningún respeto entre los hombres y mujeres que tengan como bandera la defensa del ser humano y una elevada concienciación moral al respecto, por encima de ideologías interesadas y partidistas.

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