Vivir en el alambre

| OPINION | Ramón Germinal

 

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Bolivia en el corazón

Mi primera relación sentimental con Bolivia está condiconada por la muerte del Che, mito revolucionario para la gente de mi generación; con independencia de simpatías o antipatías políticas, las lágrimas afloraban a los ojos, los vellos de punta electrificaban la piel y la emoción inundaba nuestros corazones al escuchar cantar la canción del soldadito boliviano. Más tarde conocí en Sevilla a un indio quechua al que llamábamos el “sueco“, porque vivía exiliado en Suecia desde finales de la década de los setenta. Hector fue lider minero y tuvo que coger el camino del exilio, tras una dura represión gubernamental que acabó con las huelgas mineras motivadas por el progresivo hundimiento del precio del estaño en los mercados internacionales, lo que les dejaba sin trabajo. En 1985 el presidente Paz Estesoro cerraba por decreto las minas de estaño y hacía desaparecer la empresa nacional minera Comibol. Con ello, centenares de miles de familias, de poblaciones y centros mineros de las regiones del altiplano se vieron obligados a emigrar a barrios periféricos de La Paz y Cochabamba, o colonizaron la región tropical del Chapare dedicándose al cultivo del arroz, el platano, la yuca y la hoja de coca.
Hector estuvo en Sevilla en el otoño de 1991, en los preparativos de la campaña “Desenmascaremos el 92“ en la que estaba implicada la Coordinadora de comunidades indígenas “La Pachamama“. Volvimos a vernos meses más tarde, en las vísperas represivas de la Exposición Universal. Huyendo de las fuerzas antidisturbios, que habían repartido mucha leña y disparado algún tiro que otro provocando heridas en una joven que salía de una iglesia, fuimios a parar a la terraza de un bar cerca de la Curz del Campo. En aquella noche primaveral Hector me contó como siendo niño, allá por el año 1952, la revolución campesina logró devolver las tierras a los campesinos de los valles más fértiles de Bolovia, usurpadas por latifundistas. En aquellas revueltas escuchó por primera vez el silbar de las balas. El Movimiento Nacional Revolucionario tomó las riendas de Bolivia cuyo fundador fue Paz Estensoro, el mismo que liquidó décadas más tarde la empresa nacional minera, y que a él le obligó a marcharse a Suecia. Las tierras fueron devueltas a los campesinos, no a las comunidades que durante siglos usaron dicho bien comunal como medio de subsistencia. Los campesinos empobrecidos, además de tener sus pequeños huertos, estaban forzados a sembrar platanos, café o maíz que adquirían algunas multinacionales norteamericanas, y de este modo, alcanzaban una miserable cantidad de dinero; el necesario para comprar productos que en las antiguas comunidades se producían y distribuían sin la mediación del “vil metal“, generalmente, practicando el trueque. Desaparecidas las tierras comunales, miles y miles de campesinos fueron proletarizados, despojados de sus medios para vivir y obligados a bajar a la mina para ganarse el sustento.
En marzo de 1997 se celebró en Curitiva (Brasil) el primer Congreso Mundial de Afectados por grandes Embalses y Trasvases. Allí conocí a Prudencio, indio aimara de una comunidad de la cordillera del Tunari (Bolivia). Nos habló del Proyecto Múltiple Misicuni consistente en trasvasar agua de un lado a otro de la cordillera y la contrucción de una gran presa destinada a regadios, producción de electricidad y suministro de agua a Cochabamba. Se temía que con la entrada en juego del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) apoyando la apertura de los mercados en todos los sectores, especialmente en la explotación de recursos naturales por parte de inversores multinacionales, el Proyecto Misicuni volviera a tomar aliento y despertara de un letargo que duraba décadas. El BM impuso la creación de una estructura paralela al Estado, son las Superintendencias, unos organismos reguladores de la explotación de recursos y servicios con más poder que los organismos estatales financiados por las empresas del sector y el mismo BM. Después de poner en marcha las Superintendencias en los recuros más apetitosos, como el petróleo, la madera o el gas, el BM en un informe reservado sugiere las concesiones privadas de los servicios de agua y la no subvención de los recursos básicos. Las medidas incendiarias que provocaron la Guerra del Agua ya estaba en marcha.
En septiembre de 1999 se privatiza la gestión del agua en Cochabamba, que pasaba de la empresa municipal SEMAPA al consorcio privado internacional Aguas del Tunari, y que a su vez ya tiene la concesión sobre el inacabado Proyecto Múltiple Misicuni. En octubre de 1999 el parlamento aprueba la Ley de Sevicios de Agua Potable y Alcantarillado, creando el marco legal para avanzar en la privatización de los recursos hídricos. De hecho la concesión para la distribución de agua en Cochabamba, también lo es sobre todas las reservas del valle: lagunas, ríos, pozos, redes comunitarias de riego, fuentes, etc. El consorcio Aguas del Tunari fue creado con un capital simbólico en el paraiso fiscal de las Islas Caimán por una sociedad formada por Internacional Water U.K, subsidiaria de la norteamericana Bechtel, una de las gigantes mundiales del negocio del agua, con un 55% de participación; le seguía con un 30% Abengoa empresa española de ingeniería nacida hace más de medio siglo en Sevilla; y el resto de este capital simbólico lo ponían las aves de rapiñas bolivianas. El negocio era redondo, pretendían ganar en los 40 años de concesión 2.500 millones de euros, a razón de 56,31 millones por años, con una inversión amortizable a cinco años de 290,2 millones de euros.
Marc Gabaldá es un joven que vive en una casa rural okupada cerca de Barcelona al que conocí hace poco más de un año. Nos juntó la escritura de un libro, Agua:¿mercancía o bien común?; es el autor de un pequeño capítulo que cuenta la guerra del agua en Bolivia, experiencia que vivió en Cochabamba. A las pocas semanas de la concesión al consorcio de Aguas del Tunari, los vecinos de Cochabamba recibieron las primeras facturas con el incremento tarifario, se creó la Coordinadora del Agua y el 22 deciembre de 1999 comezó una guerra que no terminaría hasta el 20 de abril de 2000, una vez que el presidente Banzer anuncia la suspensión del Estado de sitio, con un saldo de 5 muertos, 48 heridos, 22 confinados y casi un centenar de detenidos. Con anterioridad, el 9 de abril, el Superintendentede Servicios Básicos anuncia la anualación del contrato con Aguas del Tunari, y el Gobierno llega a un acuerdo con la Coordinadora para la devolución de la empresa municipal al pueblo y la modificación consensuada de la Ley de Agua Potable y Alcantarillado. Bolivia se convierte en un referente mundial en la recuperación de bienes comunales.
Cabildos abiertos, toma de Cochabamba, huelgas, barricadas, consulta popular o referémdum organizado por la Coordinadora del Agua, ocupación de oficinas y la batalla final de abril hasta la ruptura del contrato. Así cuenta Marc algunos de estos episodios:
“La Coordinadora del Agua, convocó para el 13 de enero un Cabildo Abierto en la plaza principal para definir la posición del pueblo de Cochabamba respecto al contrato de concesión y a lo que se llamó el “Tarifazo“. Desde la mañana, miles de personas llegadas de los barrios periféricos y poblaciones cercanas invadieron el centro de la ciudad, quemaron la imagen del alcalde de Cochabamba y la instalación del tradicional akulliku (masticación tradicional de coca) a la espera del arribo de los Ministros de Estado para sostener una reunión con representantes del pueblo. La llegada de los Ministros fue precedida por la irrupción de manera violenta de los efectivos policiales, que dispersaron a la gente con gases lacrimógenos. (...) Centenares de policías rodeaban la plaza y disparaban gases a las barricadas improvisadas con muebles y neumáticos en cada esquina“.
4-5 de febrero: “Era un viernes por la mañana, la ciudad amaneció tranquila porque los comerciantes no abrieron y los transportistas se tomaron el día libre. Miles de campesinos, regantes y vecinos de los pueblos del valle llegaban caminando por las carreteras. Pero más de doscientos efectivos de las Fuerzas Especiales enviados expresamente de La Paz, les esperaban en los puentes, apostados en sus motos Harley Davidson. Les recibieron con gases lacrimógenos “como medida preventiva“. A las diez de la mañana, los primeros retenes policiales de contención apostados en los puentes son rebasados por varias columnas de campesinos y vecinos de la periferia“ Comenzaba la toma de Cochabamba que iba a durar dos días. “La ciudad se convirtió en una batalla campal y las nubes de los gases lo invadían todo, los restaurantes, los mercados, las peluquerías... De las oficinas y los locales sacaban baldes de agua para los manifestantes, las mujeres repartían vinagre y limón en una serie de barricadas improvisadas con diarios pasados, muebles rotos y ruedas viejas. Era un tira y afloja de piedras contera gases que duró dos días“. 172 detenidos, 121 personas heridas y el compromiso gubernamental de revidar el contrato de Aguas del Tunai y la Ley de Agua Potable, fue el resultado de los dos días de lucha.
4-9 de abril: “La primera jornada transcurrió tranquila. Los niños, las biciletas y los balones invadieron las calles, convirtiendo Cochabamba en una ciudad deportiva. Por la tarde, las familias tomaban chicha sentadas en las veredas, la cumbia amenizaba los bloqueos, convertidos en puntos de encuentro vecinales. Al día siguiente hubo un cabildo multitudinario en la plaza. Fue un singular acontecimiento. Mientras la Coordinadora del Agua, que había liderado la lucha, intentaba convencer sobre la estrategia de resistencia sostenida hasta que el gobierno cediera, una multitud de gente pedía a gritos radicalizar ls medidas de presión. Se dio un plazo de 24 horas, pero la masa alborotada no estaba para más espera“.
“Dejando los discursos para otro rato, miles de personas marcharon hacia las instalaciones de Aguas del Tuanri rompiendo los carteles donde aparecía el nombre de esta empresa. Otro grupo tomó las oficinas del Centro Cívico, rompiendo cristales y mobiliario (...) El 6 de abril el gobierno organiza una encerrona a traición. Tras convocar a los representates de la Cordinadora en una reunión de excepción, éstos son detenidos y encarcelados. La policía retoma el control de la plaza principal en un ataque desde los tejados de las dependencias oficiales. Desde radiotaxis particulares, policías no uniformados allanan las viviendas de otros representantes sociales y los desplaza a la base aérea donde serán trasladados y confinados en una base militar en el interios de la selva amazónica“.
“Por la mañana, la confusión se había generalizado. Algunos de los pueblos más movilizados amanecen sin electricidad, varias radios son clausuradas y los militares han tomado las calles. Se confirma la sospecha: Bolivia vive de nuevo un Estado de Sitio“ (...) Con la rabia de la traición se refuerzan los bloqueos hasta las calles y caminos más alejados de la ciudad. También en otras regiones de Bolivia se reproducen enfrentamientos entre campesinos y militares. En Cochabamba la gente se prepara en sus barrios para recibir una embestida militar. En el centro de la ciudad, se libran duros enfrentamientos entre policías, militares y francotiradores y unas 25.000 personas de todas las edades y estratos sociales. Muere un joven de 17 años por un tiro de una bala en la frente a pocas cuadras de la plaza principal (...) A últimas horas de la tarde, el comandante general de la Séptima división del ejército ordena el repligue de sus soldados para limitarse a defender el cuartel militar. Este comandante fue destituido por desacatar las órdenes gubernamentales“.
“Finalmente, la tarde del 9 de abril, cuando en la plaza miles de vecinos y campesinos escuchaban nerviosos por la radio la llegada de aviones militares, el Superintendente de Servicios Básicos anuncia las anulación del contraro con Aguas del Tunari...“ Los bloqueos rurales no serían levantados hasta dos días después y el Estado de Sitio el 20 de abril. La guerra del Agua sirvió de escuela para posteriores enfretamiento en la lucha por los bienes comunales.
Hace unos meses, Marc me anunciaba otra guerra en Bolivia, la del gas, que comenzaba a primeros de septiembre con la aplicación de la Ley de Hidrocarburos (1996) para permitir la exportación a California del gas boliviano con el objeto de generar electricidad, sumándose así a la otra exportación, la de la coca que alumbra las mentes en la meca del cine. La guerra del gas se ha llevado por delante al presidente Losada que escapó en un helicoptero militar de los Estados Unidos. Esta guerra es muy conocida por reciente y porque la prensa ha informado profusamente sobre ella. Una vez más una empresa de origen español, REPSOL-YPF iba a ser una de las beneficiadas con el transporte y la exportación del gas. Esta guerra ha costado más de 70 muertos y varios centenares de heridos; la ciudad de La Paz quedó bloqueada por las barricadas organizadas por los vecinos del Alto y los bloqueos, organizados por mineros y cocaleros, se extendieron a la mayor parte de las carreteras del país. Nuevamente Bolivia es un referente para le defensa de los bienes comunales. Los intelectuales y la izquierda progresista apoyada por Lula apuestan por la industrialización del país y la exportación del gas cuyas reservas alcanzan los 54,6 trillones de piés cúbicos. Sin embargo, otras opciones presentan las industrialización y la exportación de gas como opciones antagonistas, e incluso existen sectores libertarios, sindicalistas y sobre todo, comunidades indígenas (en un país donde el 55% de la población es indígena y el 30% mestiza) con un gran resplado popular, que dando la espalda al desarrollo, defienden la comunidad, sus bienes y unas relaciones sociales equitativas. Este es el gran temor de las empresas multinacionales, no en vano, la revuelta última fue calificada por el expresidente Losada, como una conspiración de anarquistas y narcosidincalistas.

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