Vivir en el alambre

| OPINION | Ramón Germinal

 

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El mundo encarcelado

El gobierno del PP hace tiempo que decidió barrer las calles y encerrar la “basura“ en nuevas cárceles, ya que las prisiones están más que saturadas con los 52.000 inquilinos que malviven en ellas. La obsesión gubernamental por la higiene me recuerda a la limpieza de sangre, una mancha que sobrevive al paso del tiempo en el solar patrio: guerras, persecusiones y expulsiones de los cristianos viejos contra judios y moriscos antaño; racismo y xenofobia, expulsiones y cárcel hoy alentadas por la seguridad de las clases medias contra los inmigrantes y los pobres, gente sucia que huele diferente. Siete nuevas macrocárceles ha dispuesto el gobierno para su construcción. En Morón de la Frontera piensan construir una de las primeras y allí estuve el pasado fin de semana invitado por unos amigos para charlar de la cárcel.

El Alcalde de Morón dijo, nada más saberse la noticia, que al municipio le había tocado la lotería al señalar con el dedo el Consejo de Ministros a dicha localidad para construir una nueva cárcel. El edil popular manifestó su alegría desgranando los beneficios que reportará al pueblo la cárcel: nuevos empleos, directos e indirectos, auge del comercio local y oportunidades para los emprendedores; toda una bicoca para una población de 28.000 habitantes, con mucho, mucho paro. En la actualidad hay 18.000 funcionarios de prisiones en España, uno por cada tres presos aproximadamente y no costan datos oficiales sobre el número de empleados de las empresas subcontratadas que trabajan para las cárceles. Visto el panorama observamos que la oferta de gente a encarcelar no tiene techo, por lo que el empleo carcelario irá en amento, como en tiempos de la Inquisición ocurría con los oficios de torturadores y verdugos. Además, el trabajador de prisiones es hoy en día un oficio respetable, igual que el personal que trabaja en un vertedero (o planta de recuperación y reciclaje en lenguaje políticamente correcto), los sindicatos se disputan su afiliación.

Los sociológos de turno habrán recomendado a Morón y al Puerto de Santa María como sede de nuevas cárceles por el grado de aceptación de sus respectivas poblaciones al convivir pacíficamente, desde hace decenios, con sendas bases militares norteamericanas (la base militar de Rota, está en gran parte en el término municipal del Puerto) sin que la “sangre llegue al río“, aunque teniendo que soportar periódicamente manifestaciones antimilitaristas, sobre todo, cuando los aliados yanquis utilizan las bases en algunas de sus intervenciones bélicas. El Ayuntamiento de Morón tiene que aprobar un plan parcial que modifique el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), para buscarle acomodo a la cárcel. Dicha modificación ha de hacerse en un Pleno municipal con aprobación por mayoría absoluta, por lo que el PP necesita los votos del PSOE o de IU. Los concejales de estos partidos de izquierda se sacuden la responsabilidad de decir SI o NO a la cárcel, demandando un referéndum para que sea el pueblo el que decida. Si el gobierno declara las obras de construcción de la cárcel de Interés General (como es previsible) de nada sirve lo que decida el Ayuntamiento de Morón. Hay que recordarle a la izquierda que cuando enarbolan la política de má seguridad, más policías, más cárceles, "Tolerancia 0", le ocurre como a Jospín, que al final fue derrotado por el ultraderechista Lepen. El viernes 28 de noviembre se estrenó la Coordinadora contra la Cárcel con una concentración frente al Ayuntamiento, en la que participaron escasamente unas 200 personas. Gente de Morón y algunas personas llegadas de Sevilla que expresaron su rechazo general a las cárceles. Poca gente pero valerosa ante el vendabal seguritario que asola estos tiempos. Y el sábado se celebró la charla a la que fui invitado a participar. Dada mi condición de "aprendiz de todo y maestro de nada" utilicé como guía para mi intervención, un excelente texto de Iñaki Rivera titulado "El bussines peninteciario" presentado en las Jornadas sobre el Estado-Guerra celebradas en Barcelona al principio de este otoño. Añadiéndole frutos de mi cosecha, resumo lo más interesante de la exposición:

1.La función punitiva de la cárcel es hija de la modernidad. Con anterioridad, las penas se cumplian mayoritariamente con trabajos forzados (galeras, minas, canteras, obras públicas, plantaciones, etc) o el extrañamiento a las colonias de los países imperiales. El garrote, la horca, la guillotina, el fusilamiento, o la amputación de miembros erán otras formas más drásticas y rápidas de cumplir la condena. La cárcel era sólo un lugar de estacionamiento. Los siglos XIX y XX elevan la cárcel a la función de penal (Dueso, Burgos, Jaén, Ocaña, Puerto... de infaustos recuerdos) y más tarde se le incorporan las políticas de reeducación o rehabilitación. Aunque la función rehabilitadora de la cárcel y del sistema penal tiene sus partidartios desde el último tercio del siglo XIX, haría falta esperar al triunfo del welfare, del Estado del bienestar tras la segunda guerra mundial, para que los programas reahabilitadores entrasen en las cárceles, en los correccionales para jóvenes y en los guetos urbanos. Cada sistemas penal se corresponde con una forma-Estado.
2.En la décadas de los años setenta del siglo pasado, la crisis fiscal del Estado del bienestar y el desprestigio considerable de los programas de reinserción en la sociedad ponen en entredicho las políticas de rehabilitación. El Estado gastaba más que recaudaba al ser incapaz de redistribuir la riqueza incrementando los impuestos a los más ricos, y las cárceles se convertían en escuelas de formación profesional para el hampa, de profesionales aptos para sobrevivir en la jungla de asfalto de la sociedad capitalista. Con Reagan de presidente de los EE.UU. cambia la racionalidad punitiva, el encierro se convierte en la función principal de la cárcel, se privatizan las prisiones, como otros servicios públicos gestionados por el Estado. Del Estado del bienestar, planificador, pasamos a un Estado-crisis, gestionador de los inmunerables riesgos previsibles que amenazan a la sociedad tras la crisis del welfare.
3.En poco más de 10 años, la nueva racionalidad punitiva envía a la cárcel en los EE.UU., a más de un millón de personas (1993). En dicho año, el "mundo penitenciario contaba con más de 600.000 empleados, de los cuales 221.000 eran vigilantes, lo que le convertía en el tercer empleador del país, apenas por debajo de la General Motors y la cadena de supermercados Wal-Mart. La expansión carcelaria no es patrimonio exclusivo de los republicanos. En los últimos cinco años de mandato de Bill Clinton se construyeron 213 nuevas cárceles, cifra que excluye los establecimientos privados que han proliferado con el lucrativo mercado del encarcelamiento privado. La incapacitación punitiva es el argumento de esta nueva racionalidad penal. Se pretende restringir la comisión de delitos asumiendo que la única función de la cárcel es sustraer a los detenidos de la sociedad, alejarlos de la calle. En consecuencia, la incapacitación punitiva erigida en principal finalidad carcelaria abrió las puertas a la industria del control del delito. Dicha industria cuenta con un poderoso privilegio: la materia prima nunca escaseará, en la medida que en esta sociedad injusta, la oferta de delitos parece infinita.
4.Diversos autores explican el nacimiento de la indusria penal como la forma de obtener o otras utilidades de la pobreza en los EE.UU. Como dice Rivera en El bussiness penitenciario: "En efecto, el paulatino convencimiento de que valía la pena "invertir dinero para tener esclavos" demostró que sería una aventura rentable si de verdad se apostaba por la construcción de un "gran encierro" que posibilitara la aparición de un nuevo "sector" empresarial. De este modo, Estados Unidos recuperó dos de sus grandes tradiciones: la privatización y la esclavitud de viejo cuño, ahora remozada para ser adaptada a la nueva empresa. La superación actual de la cifra de dos millones de personas privadas de libertad, por tanto, debe ser una demostración de que "la industria a prosperado". Hoy cotizan en bolsa la Corrections Corporation of America, Correctional Services Corporation, Securicor y Wackenhut, empresas de la industria carcelaria tratadas como niñas mimadas por Wall Street. Celebran anualmente Salones y Ferias y tienen sus propios think tanks para extender su negocio al otro lado del Atlántico, donde hay inmensas posibililidades para expandirse. La población reclusa de los 15 Estados miembros de la Unión Europea en el año 2002, era de 365.000 personas (según el Consejo de Europa); un poco más de la quinta parte de la gente presa en los EE.UU. De la difusión de la política penal norteamericana en Europa se encargan "fábricas de ideas neoconservadoras" como el Manhattan Institute o la Heritage Foundation, que acogen en su seno a los "fundadores de la nueva razón penal", tales como el inventor de la "Tolerancia 0", Rudolph Giuliani, ex alcalde de New Kork y consultor al servicio de las autoridades de México DF para aplicar sus recetas de "limpiar las calles", o el ex jefe de seguridad del Metro neoyorkino, Wllian Bratton, ascendido luego a Jefe de la Policía M;unicipal.
5.A finales de los años ochenta del siglo XX el sociólogo Ulrich Beck definió la "sociedad del riesgo". El Estado del bienestar iba siendo progresivamente desplazado por una nueva forma-Estado basada en la gestión de la crisis, gestión de los riesgos previsibles frutos del desarrollo y el progreso de la sociedad: riegos ambientales, laborales, sanitarios, de alta accidentalidad en el transporte y el trabajo, de las patologías del consumo y de los desajustes psiquicos-emocionales. Estos riesgos dan lugar a comportamientos desordenados que alimentan la industria penal, y a políticas para gobernar la crisis, entre ellas la conocida en la cultura anglosajona penal como "Criminología administrativa actuarial": se inpone una gestión de riesgos que queda en manos administrativas con el objetivo de regular comportamientos y no como antaño, para cambiar mentalidades. Funciona con estadísticas, inventarios y mapas para controlar no a personas en concreto, sino a grupos o categorías de personas. Las medidas que se toman tienen en común su carácter preventivo, cuando todavía no se ha cometido níngún delito, bajo el presupuesto de que se hace para evitar riesgos "imaginables", es decir predecibles. El ejemplo más claro de esta criminología, son las medidas que toman los Alcaldes para impedir o controlar el "botellón" de los jóvenes que invaden la calle y toman alcohol sin pagar los altos precios de las copas en pub y discotecas. Con la finalidad de prevenir el delito, esta "criminología actuarial" se vale de los nuevos sitemas de seguridad urbana: vigilancia por cámaras y monitoreo electrónico. La ciudad vigilada como el mundo encarcelado son oportunidades de negocio para las empresas que instalan sus máquinas, cámaras, sistemas de identificación, tecnologías para acrecentar la industria de la seguridad que también tiene una demanda ilimitada hoy.
6.El acontecimiento del 11 de septiembre de 2001, acabó con el Estado-gestor de crisis para implantar un Estado de guerra universal. No se pueden gestionar los riesgos cuando son impredecibles y ha quedado bien patente la vulnerabilidad de las metrópolis. La consecuencia de todo ello en los sistemas penales, son reformas legislativas seguidoras de la política punitiva de los EE.UU. En España, la reforma de cinco leyes: Ley de Extranjería, Ley del Menor, Ley de Enjuiciamiento Criminal, Ley del Poder Judicial y reformas del Código Penal, incrementará el número de personas encarceladas de tal manera que el gobierno ya aprobó la construcción de nuevas macrocárceles, entre ellas la de Morón de la Frontera. El 25% de las personas que cumplen penas en cárceles españolas son extranjeros, y el 90% encarcelada a espera de juicio también son extranjeros de nacimiento. Más del 40% de las personas presas están condenadas por delitos de tráficos de droga, la mayor parte de ellas por trabajar -directa o indirectamente- para los grandes cartel y mafias. La cárcel muestra su principal función como instrumento para gestionar de la pobreza.

En el coloquio de la charla resaltar dos debates que van unidos al tema de la cárcel. El primero de ellos suscitado por los jóvenes que luchan contra la cárcel, la mayor parte de ellos con espirítu libertario; consideran que "el bien más preciado es la libertad" y se identifican con los penados, como a lo largo de los siglos XIX y XX lo hicieron con la clase obrera, clase explotada, clase que albergaba en su seno al sujeto revolucionario. Piensan en el ser humano como el "buen salvaje" que ha corrompido la sociedad, la civilización, pero que la lucha contra el capital, contra la cárcel los redimirá. La experiencia y los años les harán ver que buen y salavaje, proletario y revolucionario, preso y rebelde no son palabras que siempre van juntas; muy al contrario, son más, deafortunadamente, las veces que las encontraremos separadas y hasta enfrentadas. Sin duda alguna, el bien más preciado es la libertad, por lo que vivir sin ella es como estar muerto, y los que queremos vivir siempre nos rebelaremos contra muros, barreras y rejas, físicas o inmateriales que apresen a las personas. El segundo debate sobre la cárcel lo plantearon algunas mujeres: ¿que alternativas a la cárcel existen para los que cometen crimenes contra las mujeres, para esos mil presos acusados o condenados por lo que eufemísticamante los medias llaman violencia doméstica? La respuesta fácil era muy tentadora: no hay alternativas a la cárcel, mientras que no se cambie esta socedad, pero... las dudas me condujeron a reflexionar en voz alta. La libertad es un bien individual que se ejerce en comunidad; no es un ejercicio de libertad matar a la compañera sentimental, es un ejercicio de poder y de dominio del que tiene que defenderse la comunidad, la gente que vive en común. Y ningún cambio social puede asegurar el destierro total de la maldad en el corazón de algunos seres humanos. A las personas sin malicia, todo bondad ¿como le llamamos? Inocentes, tontos, imbéciles, estúpidos, la crueldad del diccionario es muy grande ¿Cabe en nuestra imaginación una sociedad formada sólo de personas inocentes, sin malicia? Son interrogaciones difíciles de despejar, la única certeza que tengo es la de luchar contra las causas de mi malestar, del malestar social, contra el miedo y el odio que convierte a las personas en delatores y criminales.

Y al día siguiente me fui de Morón de la Frontera, el pueblo que tiene como símbolo a un gallo que parece un pollo frito con cabeza. Cuentan los cuentos, que una vez fue a Morón el recaudador real a cobrar los abusivos impuestos y salío del pueblo apaleado, "sin plumas y cacareando". Ojalá les ocurra igual a los constructores de cárceles.

Granada a 2 de diciembre de 2003

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