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SEMANARIO CANTABRO INDEPENDIENTE

PUERTAS ABIERTAS | Tribuna

GRAN TERREMOTO POLÍTICO EN FRANCIA CON UN MUERTO (LA CONSTITUCIÓN EUROPEA) Y UN HERIDO MUY GRAVE (LA UNIÓN EUROPEA)




23/06/05 | 21:57 h.
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Uno de los grandes monumentos a la manipulación mediática y al engaño a los ciudadanos europeos ha sido la falaz identificación de la Constitución Europea (CE) con Europa, ya sea en su forma institucional, la Unión Europea (UE), como sobre todo, y desde un punto de vista más genérico, con la idea de Europa. Esta ha sido una de las estrategias fundamentales de los grupos políticos y lobbys europeos que han apoyado una campaña por el Sí al tratado europeo.

Europa no está en crisis, no puede estarlo. Pero lo que ha quedado constatado después de la celebración de los referéndums de Francia y Holanda es que la UE sí que está en una seria y profunda crisis, provocada por el No de los ciudadanos de esos países (la crisis política) y escenificada en la reciente Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la UE (la crisis financiera). En dicha cumbre ha quedado claro el desacuerdo existente en materia económica, la “vieja solidaridad europea” parece que también tiene sus días contados. En este nuevo contexto el Estado Español va a perder mucho peso y, por tanto, dinero. Así, ya se han esbozado las primeras reducciones en la financiación agraria y en los ingresos procedentes de los países ricos. Por ejemplo, la propuesta de la Comisión Europea significa que España puede perder en el período 2007-2013 cerca de 4.000 millones de euros y más de 1,5 puntos en Renta Nacional Bruta en el saldo neto anual con respecto al período anterior (2000-2006). Por lo que en Cantabria hablar de Planes de Gobernanza y Fondos Estructurales del Objetivo 2, sólo puede proceder de las mentes calenturientas de la Consejería de Economía (Angel Agudo y cía.) que viven de la política-ficción y de las abusivas dietas que ya en los “tiempos lejanos” de Izquierda Unida fueron un curioso hábito practicado con asiduidad por dichos dirigentes. Precisamente estos dirigentes, junto con otros como el Director General de Asuntos Europeos, José Félix G. Calleja, representantes de la socialdemocracia liberal en Cantabria, defienden ahora un modelo de construcción europea que choca frontalmente con lo que defendían hace muy pocos años, cuando eran miembros de IU.

Francia ha dicho No al Tratado Europeo con una diferencia de 10 puntos y con una participación del 70 % del electorado. Holanda lo ha hecho con más de un 60 % de apoyo al NO y el mismo porcentaje de participación. Lo cual contrasta con la participación en el único referéndum celebrado hasta la fecha en el que ha ganado el Sí, el español, con un 42 %, por lo que resulta ridículo y causa sonrojo que el Gobierno del Estado y de Cantabria pongan como ejemplo el “Sí mayoritario” del 20-F.

Los burócratas de Bruselas y los gobiernos de los estados miembros podrán intentar componendas de todo tipo para defender lo absurdo de continuar con el proceso de ratificación del tratado europeo. Pero lo que es evidente es que no pueden existir unos países en donde se aplique la CE y otros en donde no, como Francia y Holanda, teniendo en cuenta además la influencia e historia del primero. Es decir, la existencia de una “Europa de dos direcciones” en cuanto a la aplicación del tratado no tiene sentido alguno. A mi entender la CE está muerta desde el mismo momento en que Francia dijo NO.

No creo que haya sido sólo un error de cálculo, es algo más. La distancia entre los políticos profesionales y el ciudadano común es cada día más grande. Este sistema pone todos los recursos al servicio de “nuestros representantes políticos”, menospreciando a los representados o votantes. Y este hecho, aunque sea de una forma más o menos consciente, es percibido por la población, que toma nota de los privilegios de la casta política, de su poder, de sus salarios, de sus dietas, de su privilegiada forma de vida en comparación con el resto de la gente. Cosa que en el caso de los parlamentarios y políticos europeos cobra extremos inusitados.

La confianza extrema y la soberbia son malas consejeras y, a veces, el poder político no lo tiene todo controlado. Pensaban que iban a ganar los plebiscitos de calle y desgraciadamente para ellos la calle les ha dicho que no. Ha habido una gran falta de previsión por su parte, de no ser así, ¿por qué dejaron hacer referéndum en 8 países de la UE? Lo más inteligente y también menos democrático hubiera sido aprobar la CE exclusivamente en los parlamentos de los países miembros. O incluso podrían haber aprobado esas mismas políticas en forma de tratados específicos. No había necesidad de presentar un mamotreto tan difícil de tragar a unos ciudadanos no acostumbrados a que se les pida opinión. A no ser que los objetivos fueran otros.

El modelo de UE que se establecía en la CE se basaba principalmente en tres instrumentos:
- Una mastodóntica burocracia que persigue regularlo y controlarlo casi todo de cara a convertir Europa en un Macro-Estado, en donde los ciudadanos estarán apartados de todas las decisiones importantes. Es decir, el Estado por encima de la democracia.
- La libertad de mercado llevada hasta sus últimas consecuencias, esto es, la libre circulación de capitales y de empresas (las deslocalizaciones), la independencia del BCE, la estabilidad monetaria como fin exclusivo, la precarización laboral, la privatización de servicios, etc. Es decir, la economía por encima de la política.
- Un Euro-ejército y una euro-policía para preservar lo anterior y también para evolucionar hacia mejores alianzas con EEUU y, quizás, a medio plazo para competir por zonas de influencia monetaria y energética (la guerra soterrada Euro vs. Dólar). Es decir, la fuerza de las armas por encima de la inteligencia, el diálogo y la ética.

La aprobación absoluta y definitiva de este modelo de Europa ha decaído mortalmente, y no sólo va a tener consecuencias en el aspecto concreto de dicho tratado, con la muerte de la CE también mueren la Europa de Maastricht y la de Niza. Porque, por ejemplo, no es cierto que el Tratado de Niza sea más conservador y menos social que la CE (como ha intentado vender la socialdemocracia europea). La CE refuerza y culmina sin contradicciones el proyecto europeo iniciado a principios de los 90. El problema de la UE ahora es que existe un vacío legal con respecto a la aplicación del Tratado de Niza a una Europa de 25 países. Lo cual es un problema mínimo, que otro tratado de rango menor, seguramente en el 2006, podrá remediar.

Desde hace dos décadas el modelo neoliberal se quiere implantar de forma salvaje en toda Europa. Pero en este caso el problema es más sutil y grave, ya que la CE iba a formalizar y normativizar ese modelo, que, por cierto, no está terminado ni asentado en Europa. Para empezar, las reformas liberales que implicaría la aprobación de la CE, no se van a poder establecer si no es por acuerdos entre países cuya legislación lo permita. La Campaña por el NO en Francia ha tenido unos resultados cuyo alcance lo veremos en los próximos años. Por de pronto, ha puesto contra las cuerdas a la derecha y a la socialdemocracia liberal europea, no sólo la del PSF.

Una parte mayoritaria de los análisis que se han hecho en España sobre las razones del NO francés es que éste ha sido capitalizado por la derecha patriota (la euro-escéptica y la extrema derecha) y una parte de la socialdemocracia francesa, siendo un porcentaje más pequeño el procedente de las organizaciones y movimientos de izquierda.

A mi no me salen las cuentas, tomando como referencia las últimas elecciones parlamentarias y presidenciales (2002) en primera vuelta (http://www.electionworld.org/france.htm). Según estos resultados, haciendo una extrapolación teniendo en cuenta el nivel de participación y las encuestas a pie de colegio electoral, tenemos los siguientes porcentajes de votos (en intervalos):
- Votos procedentes de la extrema derecha (FN y MNR): 12-17 % aprox.
- Votos procedentes del PSF, 60 % del electorado socialista según encuesta: 10-14 % aprox.
- Votos procedentes de euroescépticos de centro-derecha y de centro-izquierda: 3-5 % aprox.
- Votos procedentes de la izquierda y la extrema izquierda (PCF, LCR-LO, CGT y otros sindicatos de izquierda, Movimientos sociales): 20-30 % aprox.

Con estos datos quedan claros los motivos por los cuales la izquierda y la extrema izquierda capitalizaron la campaña por el NO, y por qué se ha podido convertir el voto No en un “freno para las políticas liberales”. Aunque este hecho no significa que no hayan existido determinadas claves internas, más allá de los aspectos de contenido del tratado, como las de índole económica y social (inflación por el euro, mayor paro y precarización socio-laboral), pero lo que ha quedado claro es que Francia ha dicho No a una Europa liberal, menos social y menos democrática.

Después del No francés y holandés, ¿qué opciones le quedan a la UE? Para empezar no creo que sea cierta la ausencia de un plan B, en realidad esto no ha sido más que una táctica mediática para meter miedo en el cuerpo al electorado, en el sentido de que la alternativa a la CE era la nada o el caos. Pero al mismo tiempo ese discurso les ha podido meter en un callejón sin salida a corto plazo.

Una de las posibilidades es la que baraja la socialdemocracia europea. Esto es, hacer como si no pasara nada y seguir con el proceso de ratificación. Es decir, una huida hacia delante, “el No de Francia y Holanda es un contratiempo, quizás grave, pero no debe impedir que prosiga el proceso de construcción europea”. Para la socialdemocracia el proceso de ratificación debe continuar, ya que se han manifestado más de la mitad de los ciudadanos europeos. A los socialdemócratas se les llena la boca con la palabra democracia, con los “procesos abiertos” y, sin embargo, eluden el hecho de que han sido los parlamentos nacionales y no los ciudadanos de estos países los que han ratificado el tratado, con le excepción de España. En la mayoría de estos países parece que las encuestas de opinión pública contradicen este planteamiento, ya que sus ciudadanos votarían también No a pesar de que sus representantes políticos se hayan manifestado al contrario. Lo cual indica el concepto de democracia que defienden algunos.

La opción general defendida por la socialdemocracia tiene una versión fuerte y otra débil, más apoyada esta última por la derecha liberal y por los laboristas británicos. La fuerte es continuar radicalmente con el proceso de ratificación, o sea, que parlamentos y ciudadanos se sigan manifestando sobre el tratado. Sin embargo, ha habido un “contratiempo importante” a dicha propuesta. Portugal, Chequia, Irlanda, Dinamarca y Reino Unido han decidido suspender las citas con las urnas. Y Suecia y Finlandia también han pospuesto su aprobación por parte de sus respectivos parlamentos. ¿Es esto una congelación al proceso? Parece evidente que sí, aunque el Gobierno Español se manifieste de forma contraria y exprese “su satisfacción con el acuerdo llegado en la cumbre del 17 de junio”. Parece que el delirio se ha adueñado de Zapatero y sus compañeros de partido. En realidad es la versión aparentemente débil la que ha ganado, apoyada por Blair y Cía, es decir, prolongar sine die la ratificación definitiva hasta que se den las condiciones oportunas. Estaríamos hablando en este caso del 2009 o 2010. Esta opción es tan antidemocrática como la primera. Pero esta congelación del proceso daría tiempo a un “período de reflexión” y, quizás, a la preparación de una nueva convención para la reforma del tratado o para aprobar algunos aspectos del mismo sin que esta vez puedan intervenir los ciudadanos europeos.


La tercera posibilidad, la más democrática y también la más remota, sería la celebración de un verdadero proceso constituyente, es decir, elecciones constituyentes para aprobar un borrador que debería ser ratificado en última instancia por todos los ciudadanos de la UE al mismo tiempo. Posibilidad remota porque estamos hablando de un modelo de UE muy diferente del actual (la Europa de los Estados).

Para la socialdemocracia liberal en Cantabria y en el Estado, la CE representa “una Europa más democrática, más social, más política y con presencia real en el mundo”. Pues bien, desde mi punto de vista, ha quedado demostrado que la CE representa claramente algo bien diferente de lo que reivindica esta gente, esto es, una Europa anti-democrática, menos social, más liberal, menos política y más burocrática.


(*) Roberto Mazorra
Campaña Contra la Constitución Europea en Cantabria
Miembro de la CGT
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