cerrar esta ventana
SEMANARIO CANTABRO INDEPENDIENTE

Crítica de cine | El Zootropo

El milagro de La sal de la tierra




19/05/07 | 20:52 h.
http://www.otrarealidad.net

Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Imprimir este documento

Quisiera hacer un rendido homenaje a un director llamado Herbert J. Biberman, responsable de un milagro cinematográfico llamado La sal de la tierra. Y digo milagro por la calidad de sus imágenes y diálogos, pero también porque estuvo a punto de no poder rodarse, ni montarse, a punto de ser destruida por los matones del gobierno norteamericano y el FBI.

Biberman, que debutó como director en One-Way Ticket y colaboró en el pionero film antinazi When Tomorrow Comes, perteneció a los hoy legendarios 10 de Hollywood y fue acusado de simpatizar con el comunismo. Por no colaborar con el antidemocrático tribunal le cayó un año de cárcel y el ostracismo en Hollywood, el estigma de ser marcado por la caza de brujas.

Aun así, en 1953 Biberman viajó hasta México para poner en marcha, junto a otros marcados por la lista negra, el rodaje de La sal de la tierra, basada en una historia real ocurrida en Grant County, donde las valerosas mujeres de unos mineros chicanos se enfrentaron a los abusos e injusticias de los patronos de una mina de zinc.

Entre sus mayores logros está el trascender la necesaria denuncia obrera y ser uno de los film más adelantados en el tema del feminismo entendido como lucha igualitaria. En La sal de la tierra los hombres tienen que cuidar de los hijos y hacer la colada mientras las mujeres se la juegan en los piquetes. Y muchos maridos no lo saben llevar:

Ella: ¿No has aprendido nada de esta huelga? ¿Por qué te asusta tenerme a tu lado? ¿Sólo tienes dignidad quitándome la mía?
Él: ¿Hablas de dignidad después de comportarte así?
Ella: Sí, hablo de dignidad. Los jefes anglos te desprecian y por eso los odias. “Quédate donde estás, sucio mexicano”, eso dicen. ¿Por qué me mandas que me quede donde estoy? ¿Te sientes mejor teniendo a alguien por debajo?
Él: ¡Calla, dices tonterías!
Ella: ¿A quién pisotearé yo para sentirme mejor? ¿Y de qué me serviría? Yo no quiero a nadie debajo de mí, ya estoy bastante abajo. Quiero subir y que todo suba conmigo.
Él: ¡Cállate ya!
Ella: Si no lo entiendes eres tonto. ¡No puedes ganar esta huelga sin mí! ¡No puedes ganar nada sin mí!

(Él le levanta la mano, parece que la va a pegar)

Ella: Las viejas costumbres. No vuelvas a hacerlo nunca. Nunca. Me voy a la cama. Duerme donde quieras excepto conmigo.

Sin apoyo de Hollywood o de productores independientes con agallas, fue el sindicato de mineros quien pagó los muy limitados costes de producción (estamos hablando de un film de serie B). Para el reparto Biberman no contó con estrellas, pero esta vez no por presupuesto o por la lista negra, sino porque quería a actores desconocidos o directamente no profesionales. A tal admirable límite ético llevó su decisión, que su propia esposa y actriz fue descartada del casting por no valer para el papel al ser anglo y no chicana.

Así, para el papel de la madre protagonista se contrató a Rosaura Revueltas como Esperanza Quintero y para el papel del marido a Juan Chacón, que a pesar de su buen hacer en el film no era actor profesional, sino presidente del citado sindicato.

El resto es otra página de la infamia: el gobierno mexicano presionó con matones para que el rodaje no pudiese continuar, Rosaura fue deportada y los estudios de Hollywood hicieron lo posible, con la tutela y apoyo del FBI, para que el film no se editase o montase y al final desapareciese. Pero no lo lograron. Y aunque la carrera del luchador Biberman quedó truncada para siempre y el film fue prohibido (sí, en los Estados Unidos prohibido) hasta 1965, hoy es todo un clásico restaurado y preservado por la Biblioteca del Congreso norteamericano.
cerrar ventana